Orientado hacia la enunciación.
Especifica el modo de realización fónica del discurso introducido. Tiene connotaciones valorativas evidentes de carácter generalmente negativo y desautorizador.
Prototípica.
POSICIÓN: presenta cierta movilidad con respecto al discurso directo. Aparece antepuesto y pospuesto.
[inicial]
El que no acababa de estar de acuerdo con aquellas proclamas era 007, que amenazó con enfadarse y casi vociferó: -¡Ni muerto me pongo yo a dormir con la de cosas que tenemos que hacer! ¿Cómo podéis tener la santa vagancia de poneros a roncar cuando la princesa está esperando que la liberemos? (González Martínez, Juan: El cuarteto del soneto. Una aventura inesperada. Madrid: Luarna, 2010).
[final]
Hacía seis años que las principales fuerzas sindicales gallegas (CIG, CCOO y UGT) no acudían juntas una manifestación; a la protesta se han unido también los dos partidos en la oposición, PSdeG y BNG. "Nos dijeron que el rescate de la banca no iba a tener consecuencias para los ciudadanos, pero ahora vemos cómo se empobrece a una mayoría social para darle los cuartos a los bancos", vociferó Seixo. "Estamos ante una forma de gobernar elitista y de desprecio a los más débiles", añadió (La Información, 19/07/2012).
Tras devolver el fuego como pudieron, vieron cómo la máquina se alejaba a escape, y Arturo, saltándose toda cadena de mando, conminó a Manolete a que se sentase al volante del Kübel. Brincaron dentro del vehículo y le ordenó al guripa que hundiese el pie en el acelerador, saliendo disparados en una diagonal por el pelado Tiergarten sin perder de vista la figura del comando, que buscaba a toda velocidad la protección de Berlín.- Que no se te escape, Manolete -vociferó Arturo.- Tranquilo, jefe, éste a mí no me trasquila... (Del Valle, Ignacio: Los demonios de Berlín. Madrid: Alfaguara, 2009).
La noticia corrió de boca en boca. La gente del barrio se debatió entre el asombro, la sorna y la fe cuando se vino enterando de que Lucita, la nieta de doña Empera, esa niña callada y escuálida que habían visto crecer, era en realidad vocera del cielo y puente hacia la eternidad. No faltaron los enemigos, empezando por el cura párroco, que desde el púlpito vociferó que la Virgen se aparece en el altar, y no en un lavadero (El País, 31/05/2008).
Dos falangistas exhibieron en la puerta una orden de traslado a nombre de Soledad Pimentel, natural de Peñaranda de Bracamonte, mientras la representación era interrumpida por las actrices y todas ellas bajaban del escenario para acercarse a su madrina de honor. La Veneno abanicaba a la recién desmayada. La Zapatones pedía a gritos que avisaran al médico. Tomasa vociferó que había visto una rata. Las presas que ocupaban el patio gritaron a su vez y comenzaron a correr de un lado a otro (Chacón, Dulce: La voz dormida. Madrid: Alfaguara, 2002).
period._lit. || es.