Remite a la enunciación.
Caracteriza la acción verbal como proceso y remite a la forma de la elocución.
Puede estar marcado subjetivamente e indica la actitud del hablante original ante lo hecho o dicho previo: manifesta queja o disgusto.
Prototípica.
POSICIÓN: tiene movilidad en cuanto al discurso directo. Aparece en inicial, media y final.
[inicial]
El abogado decidió que iba a estar mucho más a gusto sin él. Sin pestañear, fingiendo un autodominio que estaba lejos de albergar, vio dirigirse a Sergio hacia la puerta. El jersey le resbalaba desgarbadamente por los hombros y su mandíbula apuntaba al suelo. Labot hizo de tripas corazón y masculló:-Te sacaré del lío. Ya tienes abogado defensor, no hace falta que busques otro. Sergio mantenía agarrado el pomo de la puerta como el pescuezo de un gallo al que se dispusiese a ahogar. Se giró, muy pálido. Su tono estuvo drenado de desprecio. -¿Para que todo quede en familia? (Bolea, Juan: La melancolía de los hombres pájaro. Madrid: Ediciones Martínez Roca, 2011).
[media]
¿Cómo podía haber llegado hasta allí a la vez que él, si Gamyl mismo se había sometido a sí mismo y a su montura al máximo esfuerzo para completar su periplo? "¿Kubla?", dijo. La vieja lo miró con indiferencia y sin intención de contestar. Siguió con su tarea. Gamyl insistió y la anciana comenzó a irritarse. "Vale, vale", masculló, "sígueme." (Pascual, Javier: El Cantar de Gamyl. Madrid: Caballo de Troya, 2005).
-El perfume es todo -masculló Laura entre dientes-, es la esencia de la tierra, de la existencia. -Todo esto es una locura -insistió todavía Pierre, buscando un atisbo de sensatez en una situación que estaba entrando en una espiral peligrosa-. Los Jazmines ha sido un bello sueño, pero también un sueño absurdo del que al final has despertado (Monegal, Ramón: La perfumista. Barcelona: Planeta, 2012).
[final]
Ferran miró a un lado y a otro desorientado. Dimas, en cuclillas bajo una mesa, musitó a Laura que no se moviera de allí. A pesar del dolor de las heridas saltó hacia Ferran. Logró tumbarlo y hacerse con su arma. -¡Te va a matar! ¡Quédate aquí! -masculló. Ferran obedeció y se tendió en el suelo cuan largo era (Vidal, Andrés: El sueño de la ciudad. Barcelona: Planeta, 2012).
En el cielo brillaba el resplandor ahogado de la luna. El conductor repitió el nombre del hotel escrito en el billete y masculló unas palabras en un inglés que no entendí mientras metía mis bártulos en el maletero. Arrancó el motor y encendió el aire acondicionado. Apenas intercambiamos algunas palabras durante el trayecto hacia el hotel.
lit. || es.
Doina Repede · 2026